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La artesanal reafirmación de un monólogo sublime. La Voz Humana de Pedro Almodóvar



Una mujer espera que su ex amante recoja las maletas que le ha preparado. El amor se acabó, solo queda el tiempo de espera. Con ella hay un perro, él también abandonado y esperando a su amo. La mujer sale de la casa para comprar un hacha y una lata de gasolina: se prepara para destrozar las cosas de su hombre, mientras espera la llamada que pondrá fin a la relación. Cuando suena el teléfono, la mujer, despierta de un sueño profundo provocado por las pastillas, comienza un monólogo desesperado que la lleva de la ansiedad a la súplica, de la ira a la venganza y finalmente al fuego purificador que destruye el mismo escenario en el que se encontraba la película.


Almodóvar reajusta el famoso monólogo de Jean Cocteau "La voz humana" a su manera, transformando a Tilda Swinton en una de las tantas maravillosas mujeres abandonadas de su cine.



El monólogo de Cocteau, transmite el dramático y exasperante desaliento del dolor de una mujer enferma de amor y abandonada por su hombre, además de haberse alimentado, entre las distintas versiones que se pueden contar, la relación primero de amor y luego de odio entre Roberto Rossellini y Anna Magnani en la famosa La voz humana de 1948 y en 1966 la "respuesta" de la otra compañera del director italiano, Ingrid Bergman, en ese momento ya no casada con Rossellini (La voz humana de Ted Kotcheff), está presente en el cine de Pedro Almodóvar desde la época de La ley del deseo (1987), cuando fue interpretada por Carmen Maura, y sobre todo de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), que era una suerte de versión multi-voz de ella: un lamento colectivo a medio camino entre la postración y la venganza, el orgullo y la rendición, contra el poder del varón y en defensa de una feminidad destrozada pero fortalecida de sus propias heridas, autónoma, autocrítica, enamorada del amor (aunque esté enferma) .