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El silencio de otros

Almudena Carracedo y Robert Bahar hacen evidente el clamor de justicia que viene de una sociedad obligada a perdonar crímenes atroces. La lucha de María Martín, José Galante y Carlos Slepoy, entre otros, no se sostiene a partir de la venganza, sólo se pide el reconocimiento de los hechos y la búsqueda por parte del gobierno de cuerpos que merecen una apropiada sepultura. Carracedo y Bahar siguen los procedimientos legales a los que se enfrentan las familias y, al mismo tiempo, ponen en evidencia la falta de conocimiento que la misma sociedad española tiene sobre el tema; en algún momento se cuestiona a varios peatones que transitan por una concurrida avenida, si conocen lo que es el Pacto del Olvido y La ley de Amnistía, a lo que la mayoría responde con una negativa. Un aspecto aterrador que el filme toca en varias ocasiones, haciendo un contraste entre imágenes de 1976 y otras del año 2016, es el fanatismo que se crea en ocasiones hacia un líder, obnubilando el juicio objetivo de un pueblo que protesta con un estandarte cuya leyenda expresa: “Hagamos España grande de nuevo”. Así como la desconexión que se tiene con el pasado propio y la injerencia del gobierno en ocultar la intervención de varios actores políticos en el franquismo. El silencio de otros retrata la negación del derecho a la justicia y la gran necesidad de movimientos ciudadanos que busquen reivindicar aquellos atropellos que el pasado dejó atrás.




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