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Apolo 10 y medio: reseña de la película de animación de Richard Linklater

Apolo 10 y medio es un viaje espacial nostálgico, pero ante todo emotivo, en busca del sabor perdido de la infancia.

dido de la infancia.


Richard Linklater ha hecho de la representación cinematográfica del paso del tiempo y la correspondiente sensación de nostalgia su firma estilística por excelencia: desde la muy romántica e inolvidable Before Trilogy (que incluye Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight ) hasta la muy elaborada Boyhood . Rodada en tiempo real a lo largo de 10 años, el director estadounidense siempre ha hecho malabarismos con las implicac


iones de crecer y cambiar, hasta llegar a la idea de Apolo 10 y medio , otra historia más sobre la mayoría de edad transpuesta esta vez con el realismo. técnica del rotoscopio en el mundo de la ciencia ficción.


Estamos pues a finales de los años 60, en el mismo Houston de la famosa base espacial, y Stanley se prepara, en medio de una mezcla de confusión y tranquila resignación, a ser el primer niño en pisar la Luna, dentro de una misión ultrasecreta de la que ni siquiera los padres estarán informados, convencidos -con la complicidad y los poderosos medios de la NASA- de que el tiempo que pasen fuera de casa lo destinarán a un campamento de verano. Posteriormente y en intermitencias superpuestas, la narración se traslada al contexto histórico-cultural en el que se desarrollan los hechos, describiendo una América enteramente proyectada hacia la realización del sueño más ambicioso de todos, uno de esos capaces de unir a todo un país, mientras que en el de fondo consume la conocida Guerra Fría hacia una Rusia que hoy en día cuesta ver tan frenable, y los combates en Vietnam se están cobrando víctimas inocentes, creando una molesta disonancia cognitiva.